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La Economía Circular y el plástico ¿hacia dónde avanzar?

Actualizado: 5 de oct de 2020

La humanidad ha demostrado su capacidad para innovar a la hora de procurarse protección y comodidad aún en las más extremas situaciones. Como resultado, una gran variedad de materiales han surgido respondiendo a diferentes necesidades. Uno de estos materiales es el plástico, que al ser un material económico, ligero y duradero, que se puede moldear fácilmente en una variedad de formas y productos, puede ser utilizado en una amplia gama de aplicaciones. Sus cualidades lo han llevado a popularizarse en todo el mundo ya que además de ser maleable, es impermeable, aislante y por su ligereza es fácil de transportar. Probablemente su característica más evidente es la durabilidad debido a que este material es difícilmente afectado por la degradación de procesos naturales.


Estas características hacen del plástico un invento excepcional que nos ha permitido tener avances científicos y tecnológicos sin precedentes. Sin embargo, actualmente el planeta entero está sufriendo las consecuencias de la masificación de productos plásticos, muchos de ellos de uso absurdo e innecesario ya que gran parte del plástico producido cada año se aplica en artículos desechables o empaques de corto ciclo de vida que terminan en vertederos dentro del primer año de fabricación. Así, se ha se ha utilizado sin criterio un material que dura entre 10 y 500 años en desintegrarse para producir, por ejemplo, agitadores de café cuyo empleo es de un par de segundos antes de ser desechados sin que se pueda alargar su vida ni siquiera a través del reciclaje.


El uso del plástico en nuestras vidas se ha hecho tan común que su eliminación genera un grave problema ambiental ya que, debido justo a la durabilidad de los polímeros que lo componen, se están acumulando cantidades importantes de plásticos en hábitats naturales de todo el mundo.


Además, no podemos olvidar que el plástico, en su mayoría, proviene del petróleo, un recurso no renovable cuya extracción tiene altos costos ambientales. Cerca del 4% de la producción mundial de petróleo y gas se utiliza para la producción de plásticos y se gasta un 3-4% adicional para obtener la energía para su fabricación (Hoppewell et al 2009).

Esta situación nos obliga a repensar la manera en la que interactuamos con este material a lo largo de toda la cadena de suministro y de todos los actores que participan en ella. Si bien no podemos negar las aportaciones del plástico en diferentes campos, tampoco podemos cegarnos ante la necesidad de reducir al mínimo necesario algo de lo que difícilmente nos haremos cargo.


Como en todo programa, la prevención es gran parte del éxito y eso es justamente lo que propone la Economía Circular que nos exhorta a replantear el diseño de los productos con la finalidad de alargar su ciclo de vida y eliminar el desperdicio gracias a estrategias como las siguientes, enlistadas de la más circular a la menos circular:

  1. Rechazar : evitar todo aquello que sea redundante con poca posibilidad de reúso o de reciclaje.

  2. Repensar: cambiar el modelo para intensificar su uso y agregar valor al producto.

  3. Reducir: disminuir el uso de recursos naturales.

  4. Reusar: por diferentes consumidores o ampliar las posibilidades de uso.

  5. Reparar: preveer y facilitar la posibilidad de reparación.

  6. Restaurar: actualizar un producto obsoleto.

  7. Remanufacturar: reutilizar partes de un producto en otro pero que conserve su función original.

  8. Reasignar : reutilizar partes y otorgarles una nueva función.

  9. Reciclar: procesar para obtener materia prima. En este punto se funde el valor agregado del producto original.

En este caso, el orden de las estratégias mencionadas es clave en la implementación exitosa del modelo de Economia Circular. Por lo tanto, saltarse ocho pasos y promover únicamente el reciclaje de los materiales como panacea estratégica del control de plásticos no solo es incorrecto, sino que juega en contra de los propios intereses de la humanidad. Por el contrario, la Economía Circular propone que las industrias replanteen desde el diseño los productos con los que estamos acostumbrados a vivir. Por ejemplo, ¿de verdad el tubo de pasta dental necesita tener un embalaje de cartón envuelto a su vez por un filme plástico y llevarlo en una bolsa desechable de plástico unos minutos para llegar a casa? (sin contar el tubo donde viene la pasta).


En el Instituto Mexicano de la Economía Circular (IMECIRC) estamos convencidos de que integrar estrategias que nos acerquen a una Economía Circular, no solo nos permitiría preservar los ecosistemas, y con ello, la existencia humana sino que ofrece grandes oportunidades para transitar hacia una economía más sólida, resiliente y socialmente justa. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, transitar hacia una Economía Circular produciría 95 millones de empleos. Esto quiere decir que las oportunidades de un cambio en los modelos de producción y mercado son numerosas, pero tenemos que estar dispuestos a cambiar de paradigma tanto en la forma de producir como en la manera de consumir. El incentivo para hacerlo es enorme, ya que incluye nuestra propia sobrevivencia.

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